jueves, 2 de marzo de 2017

La chica de al lado.

Al fin volví a sentir la calidez de unos ojos observándome entre la multitud. No era una mirada indiferente, tus ojos no querían pasar el rato. Pude sentir la caricia que significa ser observada por alguien como tu. Jamás antes había comprobado lo que se siente al descubrir que te observan, que te observan con algo más que curiosidad o repulsa.

Pasaban los días y yo te acaricié. Te acaricié mil veces con la mirada como nunca había acariciado a nadie. Descubrí cada perfecta imperfección de tu rostro, siempre desde la distancia. Mi corazón no habría soportado estar más cerca de ti, no aún. Me hiciste descubrir el significado de las palabras vacías de esos locos que hablaban de mariposas en el estómago. Entendí que esa locura me embargaba por momentos, que al tenerte delante las comisuras de mis labios dibujaban una sonrisa sincera e inocente por arte de magia. Esa pura magia que inundaba mis pulmones con tu aroma cada vez que te acercabas a mi.
Fuiste mi único pensamiento puro, el único que, sin intentarlo ni saberlo, fue uniendo las partículas de polvo que algún día fueron mi corazón. Sentí tantas cosas y tan pocas a la vez que pensé que me iba a romper.

Pero lo comprendí. Todos esos sentimientos no iban dirigidos a mi. Tus ojos desnudos acariciaban a la chica de al lado, no a mi. Ese polvo acabado seguía en mi pecho. Las mariposas que sentí en mi interior no eran reales, mis sentidos me engañaron de nuevo. No era yo el motivo de tu sonrisa. Todas las emociones volvieron a encontrarse, por ti. Y exploté. Exploté en confeti de todos los colores que no me gustan. 


domingo, 26 de junio de 2016

Casi cinco años.

Casi cinco años es el tiempo que llevo sin sentir esa caricia que se siente al mirarte a los ojos. Echo de menos tocar tu alma con la punta de los dedos y sentir que no existe nada más. El nerviosismo al saber que tú, esa persona elegida de entre un millón, observabas mi ser. Ese agobio al ver que el tiempo era corto y que mis sentimientos, a tan temprana edad, no eran tan sencillos de controlar. 

Es real, el tiempo pasa y con él todas esas sensaciones quedan atrapadas en un mar de lágrimas, mentiras, rencor y melancolía. Porque eso es lo que queda tras un amor de adolescentes. La presión social, la inexperiencia, la pasión juvenil, ¿quién iba a decirnos que jugaban en nuestra contra?
Es verdad, mentí. Nunca regresé para aclarar mi anhelo. Nunca pronuncié esas palabras que martilleaban mi corazón para poder salir. Nunca interrumpí tus pensamientos con mis deseos y mis sentimientos encontrados. 

¿Qué fue de ese sentimiento tan puro que me hizo callar? Nunca quise romper ese silencio. Nunca quise hablar.

Casi cinco años de inexplicable afán. Un inexplicable deseo de volver a aquél momento y hacer todo de manera distinta, cambiar cualquier situación posible para observar su resultado. No echo de menos nuestros momentos, echo de menos el recuerdo que tengo de ellos. El recuerdo de lo que sentí al besarte por primera vez. El recuerdo de como entre tus brazos, todo parecía ser mejor. El recuerdo de aquél triste momento en el que tuve que decirte adiós sin mirar atrás.

Recuerdo cada instante de ese día en que nos vimos a solas por primera vez. Recuerdo mi ropa, recuerdo la tuya, recuerdo cada uno de los temas a los que recurrimos para no dar paso a ese silencio incómodo. Recuerdo el parque en el que nos despedimos. Recuerdo los 45 minutos que tardaste en llegar. Recuerdo nuestro último instante juntos, cómo amablemente me dejaste en casa, como sucumbimos a la presión, cómo todas mis barreras se desmoronaron.

Son los recuerdos los que me hacen anhelar tu presencia. Porque hace casi cinco años, entraste en mi corazón.

lunes, 12 de octubre de 2015

Hoy nos hemos cruzado.

Hoy nos hemos cruzado por la calle. Y si no lo hemos hecho, tranquilo, pasará. El tiempo siempre vuelve a unirlo todo, aunque ya no haya vuelta atrás. ¿Recuerdas cuando nos conocimos? Yo no era más que una cría inocente, una niña, un sueño. Tu eras mi estrella, o te convertiste en ella. ¿Cómo lo hiciste? Nadie había entrado tan rápido en mi corazón. Eras mi amigo. Eras mi amigo y tuviste que irte. ¿Recuerdas cuánto hace ya? Un par de años puede ser demasiado cuando ya no hay comunicación. Pero esa decisión fue tuya y solo tuya. No me imagino como debió ser... llegaste a una tierra para ti desconocida y tenías que iniciar una nueva vida allí. Mi ingenuidad me llevó a darte los buenos días y las buenas noches, todos y cada uno de los días durante un par de meses. Claro, yo no esperaba respuesta, sabía perfectamente que estarías demasiado ocupado para eso. Me pregunto cuantas personas han hecho eso... ¿Cuántas personas se han molestado en saludarte todos los días sin esperar una contestación? Eso es lo de menos... porque a veces contestabas. Y esa respuesta era mi alegría, porque creí que estaba siendo simpática y que quizás te alegraba que te diera los buenos días alguien a quién conocías. Pero estabas tan ocupado... un minuto de tu tiempo era pedir demasiado. ¿Quién en su sano juicio se molestaría después de días y días sin recibir una simple respuesta? Yo no lo hice. Y aun así, recibí ese minuto de tu tiempo cuando ya me daba por vencida. No me importaron esas veces que dijiste que me hablarías y no lo hiciste... Pero cada vez me importaron menos tus minutos, casi inexistentes. Aun así seguí siendo tan ingenua... tan inocente. No entiendo por qué la gente es inocente tanto tiempo. Los minutos eran cada vez menos. Y lo entendí. Quizás no era ese el mensaje, pero mi ingenuidad y mi inocencia se esfumaron por completo, ya no necesitaba tus minutos, ya no necesitaba ni un solo mensaje. Lo entendí. 

Hoy nos hemos cruzado por la calle. Te he saludado, sí, pero he seguido mi camino. Porque en ese instante en el que la ingenuidad del momento desapareció y no necesité más minutos ni mensajes, también desapareció el hilo. Ese hilo que un momento creí que me unía a esos minutos y a esos escasos mensajes se rompió. Y mi camino estuvo completamente libre de nuevo. Tranquilo, no eres la única persona que decidió por mi. Aunque a veces me gustaría saber por qué.
La gente entra en la vida de los demás como si fuera algo fácil y decide salir de ella como si el proceso fuera el mismo. Pero cada vez que una persona decide, sin previo aviso, salir de la vida de alguien, hace que ese agujero se cierre cada vez más. Y cada vez es más difícil que otras personas entren, aunque quieran quedarse para siempre.

Hoy nos hemos cruzado, y ya no estabas en mi vida, lo habías decidido por mi.